Reflexiones sobre el Hombre por Lobo de Tercio


Por Lobo de Tercio
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Definitivamente ni entre iguales, lo somos tanto; desde hombres honorables hasta miserables cobardes caracterizan a la generalidad de los varones. Yo soy de los que creen que es más importante estar consciente de lo que somos en lugar de poner atención a lo que los demás creen o piensan que somos; mientras los demás hacen ruido, nosotros estamos concentrados en nuestros deberes. Eso tiene que ser así siempre. Tratemos de rodearnos de aquellos con los que coincidimos y alejemonos de las mayorías asfixiantes, no busquemos el número busquemos la calidad.

La hombría del varón no se rige por los parámetros degenerados de una sociedad fragmentada ni corrupta como la nuestra, ni tampoco por las preferencias femeninas. Nuestro camino lo vamos construyendo sobre la marcha; debemos saber improvisar para poder sobrevivir, de cada fracaso se debe sacar una lección de vida, deberíamos de tomarlo como inspiración, sin que ello evite que sepamos reconocer nuestros errores: autoconocimiento.

Así mismo encontrar y sortear de alguna manera nuestros propios límites. A lo largo de la historia podemos observar que no necesariamente los grandes hombres tienen por qué ser digámoslo así, perfectos, todos han tenido alguna especie de defecto, no solo mental, también en ocasiones hasta físicos, y ello no significa que se hayan detenido de cumplir sus obligaciones o las empresas (entiéndase, más el significado por el de misión, deber)  que emprendieron o les fueron encomendadas.

Todos servimos para algo, solo es cuestión de saber encontrar para qué. No hay hombre que no pueda servir para nada, solo hombres viciados y mal encausados.

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